Enrique Jaramillo Levi
¡Muy buenas noches! Sólo unas reflexiones en torno a la actividad de 9 Signos Grupo Editorial, y acerca del contexto de nuestra relación de ya dos años con la Universidad Tecnológica de Panamá como responsables de la publicación de la obra ganadora, cada año, del Premio Centroamericano de Literatura “Rogelio Sinán”, lo cual nos convoca aquí esta noche.
Como empresa, 9 Signos Grupo Editorial nace en diciembre de 2006 con el lanzamiento de nuestros 5 primeros libros de autores panameños, lo cual es, a su vez, el resultado de un ideal cultural común, compartido entre los nueve socios que fundamos la empresa, ocho de ellos egresados ese mismo año del Diplomado en Creación Literaria que se dicta en esta universidad, y que ha rendido tan buenos frutos: facilitarle a los autores nacionales la divulgación de algunas de sus nuevas obras, con generosidad y la mejor calidad editorial posible.
Hasta la fecha hemos publicado seis libros de cuentos, cuatro de poesía, una novela, dos libros de ensayos sobre literatura nacional y un libro de textos de índole didáctica que a su vez es una antología de la más reciente cuentística nacional, que ya se usa en algunos colegios de la capital. Los autores publicados hasta la fecha son: Rafael Pernett y Morales, Ernesto Endara, Enrique Jaramillo Levi, Javier Romero Hernández, Carlos Fong, Isabel Herrera de Taylor, Luigi Lescure, Gorka Lasa Tribaldos, Rodolfo de Gracia, Fulvia Morales de Castillo, Javier Alvarado, Alondra Badano, Rafael De León-Jones (segunda edición póstuma) y Porfirio Salazar. Además, hemos auspiciado el Premio Signos de Poesía “Stella Sierra” en 2007, y el Premio Signos de Minicuento “Rafael De León-Jones” en el presente año.
Sin embargo, el camino recorrido no ha sido fácil. Aunque con el libro de Porfirio Salazar que esta noche presentamos nuestro catálogo editorial suma ya 14 obras (cantidad mayor a la de los 10 libros de autores panameños que, por ley, se ve obligado a publicar el INAC en un tiempo similar –dos años: cinco cada año— por tratarse del emblemático Concurso Nacional Ricardo Miró, pero sin dar a conocer un solo libro más de otra índole), en la práctica hemos constatado una vez más que, lamentablemente, el público lector nacional, que de por sí no es abundante, NO apuesta por la literatura panameña. Mucho menos por la poesía.
Sin duda, esto causa, además de perjuicios económicos, desánimo. Porque, entre otras cosas, toda empresa pretende ser un negocio que al menos tenga un mínimo margen de ganancia después de realizada la inversión. Hasta el momento, ningún autor panameño ha tenido que pagarnos un centavo por la publicación de su libro, una vez constatada su calidad literaria y firmado un contrato de edición. Pero ante los hechos, el sentido común indica que tenemos que repensar el proyecto, hacer ajustes, negociar acuerdos específicos en cada caso, sin abandonar el ideal original: ser una fuente de promoción de la mejor literatura panameña que hoy se escribe en nuestro país. Y sin duda una de las opciones que deben explorarse es la de hacer coediciones: con otras editoriales, instituciones o empresas; e incluso, en algunos casos, con los propios autores.
Con la UTP ya tenemos firmado un Convenio, que nos ha permitido publicar los dos últimos libros ganadores del Premio Centroamericano de Literatura “Rogelio Sinán” que desde su creación en 2001 auspicia y promueve con entusiasmo y acierto la Universidad Tecnológica de Panamá; estas obras son: “Bajareques”, de Alondra Badano; y ahora “Animal, sombra mía”, de Porfirio Salazar. La figura es la de una coedición, porque hay elementos en juego que conciernen a ambas entidades, pero la inversión económica la hace por completo 9 Signos Grupo Editorial, y nuestra es la responsabilidad editorial fundamental.
Este Convenio, que busca garantizar la continuidad y la calidad de la edición de las obras premiadas en tan importante concurso literario –el Premio Rogelio Sinán es el único de su índole que tiene Panamá en el ámbito internacional–, también deberá ser renegociado de buena fe, y a corto plazo, a la luz de los problemas económicos planteados. Y en base al nuevo Convenio, el próximo ganador del certamen deberá conformarse de ahora en adelante con una cantidad substancialmente menor de libros como parte de su premio (20 y no 200 ejemplares); y por supuesto, convenir en firmar un Contrato de exclusividad con la editorial como se ha hecho hasta ahora, y como se hace internacionalmente en otros concursos de prestigio, tal como también debe estipularse con claridad en las Bases que rigen el certamen, de tal forma que el Convenio y las Bases para la participación en el Premio estén en perfecta armonía, y que quienes compitan tengan claras las reglas del juego. Además, es muy importante que se refuerce la garantía por parte de la UTP de que la obra ganadora será texto de lectura obligatoria en los diversos cursos de naturaleza humanística que se dictan en la institución durante el primer año de clases de cada nueva promoción. Los estudiantes son un público cautivo que no se puede desaprovechar. A nuestro juicio, lo aquí plantado es justo y necesario.
No cabe duda de que la literatura panameña está atravesando por un buen momento, que a mi juicio se inició hacia 1990 y aún no termina. Han surgido poetas y cuentistas, y algunos novelistas y ensayistas, de singular valía. Sin embargo, el gran público no se ha dado cuenta, o le es indiferente. Nuestros poquísimos críticos literarios tampoco han sabido o querido acompañar este auge con sus análisis. Es una pena. Pero nuestros creadores literarios, pese a todo, siguen escribiendo; porque esa es su naturaleza, la razón de ser de su inconformidad, rebeldía y angustia ante los problemas de la vida, pero también –bendita paradoja– su más alta felicidad intelectual, y porque en ello estriba su principal talento. Porfirio Salazar está, sin duda alguna, entre los poetas notables de este momento histórico. Su triunfo en este Premio lo confirma, pero es apenas un eslabón en su carrera como artista literario, y sin duda él lo sabe. Habrá muchos retos más, y seguramente también muchos otros éxitos notorios. Por lo pronto, le entregamos esta memorable noche su más reciente creación: Animal, sombra mía. Agradecemos a Silvia Fernández-Risco su labor en el diseño gráfico de interiores, y a José Ángel Cornejo, miembro fundador de 9 Signos, su elocuente portada y contraportada.
Nuestra función en 9 Signos Grupo Editorial, como escritores-editores que somos todos los socios que integramos la empresa, es procurar que al boom de la escritura creativa que se ha venido dando en años recientes en Panamá lo acompañe un auge editorial paralelo, y por supuesto una mejor acogida del público lector. Para ello es necesario afinar mecanismos, re-pensar estrategias, siempre con la Cultura en mente, pero ya no sólo por amor al arte. No obstante, esta es una tarea en la que debemos participar todas las partes, cada quien en su parcela de posibilidades aún sin cultivar, empujando el carro de la creatividad humanística para que a mediano plazo pueda andar solo, dueño ya de su propio impulso y de su propia fuerza interior. Hacemos votos porque así sea.
Panamá, 30 de octubre de 2008



















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